Alex Honnold volvió a desafiar lo imposible
El escalador estadounidense, conocido en todo el mundo por su ascenso sin cuerdas a El Capitán en Yosemite en 2017, regresó al centro de la escena con una nueva hazaña que desafía cualquier lógica: escaló el Taipei 101, el edificio más alto de Taiwán, sin arneses, cuerdas ni red de seguridad.
No hubo margen para el error. A lo largo de los 508 metros de altura, Alex Honnold avanzó con la misma calma que lo caracteriza, sosteniéndose únicamente con la fuerza de sus manos, la precisión de sus pies y una concentración extrema. Cada movimiento fue una decisión definitiva: no existía la posibilidad de corregir ni de volver atrás.
La conquista de la cima no fue el final. Ya en lo más alto del rascacielos, expuesto a fuertes ráfagas de viento y con la ciudad extendida bajo sus pies, Honnold selló el momento con otro gesto que mezcla audacia y naturalidad: una selfie tomada desde la aguja del edificio, suspendido a más de medio kilómetro del suelo.

Como en Yosemite, no hubo espectáculo exagerado ni discursos grandilocuentes. Solo un hombre, una pared vertical y la convicción de que el límite está siempre un poco más lejos. Honnold no escala para demostrar valentía; escala porque ahí, colgado del vacío, encuentra un orden que en tierra firme parece no existir.
Otra vez, sin red. Otra vez, sin excusas. Otra vez, haciendo de lo imposible algo real.