DI MARIA Y EL ADIÓS DEFINITIVO

Ángel Di María habla desde un lugar que muy pocos futbolistas alcanzan: el de la misión cumplida. Cada vez que se refiere a la Selección Argentina no hay nostalgia forzada ni cuentas pendientes, sino la calma de quien dio todo y se va en paz. La Albiceleste, admite, siempre será una tentación. Pero no todas las tentaciones se aceptan cuando el cuerpo y la cabeza entienden que el camino ya fue recorrido.

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“No es que no quiera”, repite el rosarino, y en esa frase se condensa el sentido de su decisión. Di María se corre porque entiende que el fútbol, como la vida, también necesita renovarse. Ganó todo lo que soñó: rompió la sequía histórica con la Copa América 2021, tocó el cielo en Qatar 2022 y cerró su historia con otro título continental en 2024, empujado por el pedido de sus compañeros. No quedó nada sin decir, ni dentro ni fuera de la cancha.

Cuando mira hacia atrás, elige un punto de quiebre: la final ante Brasil en el Maracaná. No solo por el título, sino por lo simbólico. Fueron 28 años de espera y un gol que funcionó como liberación personal y colectiva. Después llegó el Mundial, el trofeo más grande, ese que lo ordenó todo y le dio sentido a cada caída previa.

Di María no desprecia ningún logro. Los 37 títulos de su carrera son, para él, pruebas de constancia, esfuerzo y resistencia. Por eso su despedida no suena a renuncia, sino a cierre. Un cierre honesto, consciente y necesario.

Se va dejando espacio, agradeciendo el recorrido y entendiendo que la Selección es más grande que cualquier nombre propio. Así, sin dramatismos, Di María baja el telón: campeón, protagonista y en el momento justo.

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