ROCHET, SIN VUELTAS: UNA MIRADA INCOMODA SOBRE EL DIBU Y LA SELECCIÓN ARGENTINA

Sergio Rochet no esquivó el tema. En medio de la preparación de la selección de Uruguay rumbo al Mundial 2026, el arquero del Inter de Brasil y titular de la Celeste dejó una reflexión que rápidamente cruzó fronteras y encendió el debate. Sin apuntar directamente, pero con un mensaje claro, marcó diferencias con Emiliano “Dibu” Martínez y con una forma de entender el arco que, del otro lado del Río de la Plata, se volvió marca registrada.

Uruguay transita un proceso cargado de expectativas. Con la mira puesta en la Copa del Mundo que organizarán Estados Unidos, México y Canadá, Rochet aparece como una de las piezas consolidadas del equipo y aspira a sostener su lugar bajo los tres palos. En ese contexto, una entrevista en su país derivó en una comparación inevitable.

La pregunta fue directa y apuntó al estilo del arquero argentino, protagonista de finales, penales decisivos y festejos que recorrieron el mundo. “¿Qué te genera, por ejemplo, un Dibu Martínez que se pone a bailar en los penales?”, le plantearon, reconociendo que, más allá de las formas, los resultados están a la vista: títulos, atajadas clave y una efectividad indiscutible.

Rochet respondió desde un lugar distinto. Sin negar la eficacia del método, dejó en claro que no se siente representado por esa manera de exponerse. “No me gusta la soberbia”, fue la frase que sintetizó su postura y que rápidamente se convirtió en titular. Una definición que no discute logros, pero sí estilos y formas de habitar el rol.

La comparación, inevitable, vuelve a poner sobre la mesa una discusión vieja como el fútbol: ganar no siempre significa gustar, y el éxito no borra las diferencias de personalidad. Mientras el Dibu construyó un personaje que intimida, provoca y desestabiliza, Rochet elige la sobriedad, el perfil bajo y el silencio como bandera.

No hubo chicanas ni confrontación directa, pero sí una línea clara. Dos arqueros, dos selecciones, dos maneras opuestas de entender el mismo puesto. En un continente donde la rivalidad nunca duerme, incluso las palabras medidas terminan jugando su propio partido.

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