Arena, ilusión y Mundial en juego: Argentina se prepara para el Sur-Centro de beach handball en Rosario
Las selecciones argentinas de beach handball empiezan a marcar el pulso de su temporada con un objetivo claro: volver a ser protagonistas en la región y dar el primer paso rumbo al Mundial. Los equipos masculino y femenino ya se preparan para disputar el Sur-Centro de Rosario, un torneo que no solo será su primer desafío internacional de 2026, sino también una cita cargada de ilusión y sentido histórico.
Del 14 al 17 de febrero, la arena del balneario La Florida, escenario emblemático de los Juegos Suramericanos 2022 recibirá por primera vez en el país a este certamen continental. Rosario será, durante cuatro días, el corazón del beach handball sudamericano, con Argentina como anfitriona y con la chance de pelear por un lugar en el Mundial de Zagreb 2026.

Para ambos seleccionados, el torneo tiene sabor a revancha. En la última edición, disputada en Asunción 2024, tanto el equipo masculino como el femenino se colgaron la medalla de plata. Resultados que confirmaron el crecimiento sostenido de la disciplina en el país, pero que también dejaron la espina de haber estado a un paso del título. Hoy, esa experiencia funciona como motor y como aprendizaje.
El beach handball argentino viene construyendo su identidad desde hace años, con procesos largos, recambio constante y una base cada vez más amplia de jugadores y jugadoras formados en todo el país. Rosario, además, no será una sede más: jugar en casa, frente a su gente, aparece como un condimento extra para dos equipos que buscarán transformar el apoyo en energía dentro de la cancha.
El Sur-Centro no solo entrega plazas mundialistas: también es una medida real del momento deportivo de cada selección. Para Argentina, representa la posibilidad de ratificar su lugar entre las potencias regionales y de seguir posicionándose en un escenario internacional cada vez más competitivo.
Con arena, esfuerzo y una camiseta que pesa, las selecciones albicelestes ya están en marcha. Rosario espera. Y Argentina, una vez más, se anima a soñar con dejar su huella en el mundo.