En primera persona: experiencia con mi paciente con Covid-19

La docente altagraciense Andrea Vargas se suma al equipo de ALTA INFO, dando así su aporte desde lo escrito en cuestiones que nos transcienden como sociedad, de una u otra forma, en los tiempos actuales que corren.

Mi experiencia con mi paciente con Covid-19 – por andrea vargas

La fiebre no cede. Todos estamos pendientes. Se acortan las horas del sueño. Hay que hacer un alto en las actividades diarias. Avisar que se para por unos días.

No sería nada extraño. No debería serlo porque cuando una persona se enferma, hay que parar y cuidarla. Buscar ayuda si es urgente y esperar… ¿Será por eso que nos llamamos pacientes cuando nos enfermamos?

Estuvimos aislados porque nos tocó atravesar el diagnóstico positivo de Covid-19. Sí, ese que llaman el “bicho”. Ese que muchos niegan. Ese que muchos desafían creyendo que son blindados como los tanques de guerra.

El virus existe. Ingresa a tu cuerpo, se instala y puede hacer estragos. Yo no soy doctora. Soy de manual, como dicen mis hijos. Si veo que alguien en mi casa tiene fiebre ahí nomás consulto a mis doctores de cabecera y hago caso porque una de mis frases que orientan mi norte es que la salud no se recicla. Hay que cuidarla. Y hay que cuidarse. Y hay que cuidar a los otros.

Mi marido ya tiene el alta. Y él en esta historia no tiene reemplazo ni para mí, ni para mis hijos. Si lo entendemos desde esa óptica podemos hacer un ejercicio basado en la responsabilidad: usar barbijo frente a otros mientras dure esto, lavarnos las manos, usar alcohol y mantener algo de distancia porque ni vos ni yo sabemos cuánto daño le podemos hacer a otro.

Si no tuviera un local comercial (librería) no hubiera tenido jamás la necesidad de publicar esta experiencia pero me sentí responsable para cuidar a otros (exceso de maternidad, dirían algunos alumnos). Si no hiciera atención al público, me hubiera guardado en casa y nadie se hubiera enterado. Pero tomamos esta decisión de comunicarlo a pesar de los comentarios de barrio.

Sin embargo, cuando sos testigo de la enfermedad, creeme que lo único que te importa es que nadie más se contagie. No se duerme más que cinco o seis horas porque la cabeza revisa todo y quiere controlar que no falle ningún cuidado. Y eso que apenas yo soy su compañera y debía atenderlo a él y tuve ayuda y tuve todo lo que necesitaba.

¿Vos te pusiste a pensar la cantidad de horas y días que la gente de salud hace eso por vos y a gran escala y sin las comodidades de su casa? Nuestro profundo agradecimiento al personal del Hospital y Salud Pública quienes nos atendieron y nos contuvieron con el seguimiento telefónico.

Valoro mucho el esfuerzo que hacen por cuidarnos porque se enferman, se cansan, se angustian y siguen, aunque haya un montón de ignorantes e irresponsables que creen que desde su canchereada el virus les va a sobar la espalda y les va a decir “con vos no me meto porque sos groso, sos piola.”

No me especializo en temas de salud. Me baso muchas veces en la experiencia, en la observación de conductas y actitudes y por eso a veces me atrevo a comentar algo. Aprendo todos los días. Me sorprendo cada minuto y me hago miles de preguntas. Ya llegará el momento de seguir entre esas líneas.

Hoy quería agradecer a todo los que con mucho cariño (conocidos y no tanto) escribieron ofreciendo su ayuda, su preocupación, su oración, su palabra de aliento. Nunca me sentí sola pero en la intimidad del hogar, hay momentos que se deben fortalecer para acompañar mejor a quien es parte necesaria de mi vida.

Agradezco. Ahora, hoy, es un alivio el certificado del alta. Y es decepcionante la actitud de los desafiadores y negadores seriales. Los que estamos convencidos de que debemos seguir con el cuidado, sigásmolo haciendo. Una vieja monja que ya no está, solía decirme cuando era chica, “de tanto insistir con este machaque, algo va a aprender”: barbijo, alcohol, distanciamiento y limpieza…tan difícil es?

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