Horas tristes, oscuras y vacías de palabras

Duelen estas horas. Arriesgaría algunas hipótesis pero las guardo para mí. Hay que dejar que el alma se acomode para ver más claro.
POR ANDREA VARGAS

Son horas tristes y oscuras. Hasta vacías de palabras, como si estuvieran cansadas de decir lo mismo y que nadie las escuche.

Sentada en la librería, a solas, dispuesta a leer para que pasen las horas de una tarde que no tiene nada de alegre, ingresa M. Busco mientras escribo, relaciones estrechas entre todas las cosas que han sucedido hoy, su presencia que interrumpió mi calma y mi desdicha. No la había visto nunca. Entró a preguntar por un libro y se sentó. Y se quedó más de una hora charlando.

Me hizo preguntas que duelen en las respuestas. La muerte de Marcia, la denuncia al jugador de fútbol, los engreídos de la cultura, los acosadores protegidos, los dobles discursos de los que militan…juro que no la conozco pero charlamos como si nos conociéramos de toda la vida.

Y me atrevo en parte a contar los temas compartidos porque vi en ella el hartazgo de no tener respuestas. Duelen estas horas. Arriesgaría algunas hipótesis pero las guardo para mí. Hay que dejar que el alma se acomode para ver más claro.

Por lo pronto, en estas horas alguien se cruzó para que nos escuchemos y no sentirnos tan solas. Al menos, me aquieto y le doy las gracias a M.

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