A un año de la partida del querido Pepe

José Der Ohanessian dejó este mundo un 7 de julio del 2020, tras permanecer internado en estado grave en el Sanatorio Alta Gracia. Su presencia intangible aún perdura en distintos sectores de la ciudad.

El 7 de julio del 2020, José Der Ohanessian fallecía a sus 82 años en el Sanatorio Alta Gracia tras permanecer internado en grave estado, con varias recaídas previas y hasta el paso por un geriátrico,

Pepe, tal vez el personaje más querido de Alta Gracia, solía conversar con todo aquel que se hiciera un tiempo para escucharlo al pasar por el centro de la ciudad. El Tajamar y la avenida Belgrano eran los lugares en los que se lo solía encontrar. Al salir de la escuela o pasar en colectivo, niños y adolescentes lo saludaban con entusiasmo.

Durante dos décadas, de 1962 a 1982, se desempeñó como portero, ayudante de cabina y acomodador del gran Monumental Sierras. Muchos lo recuerdan con su linterna alumbrando las butacas. Fue invitado especialmente a pedido de los vecinos cuando el coloso reinauguró en 2019.

Recuerdos de Pepe acomodador

“La función acaba de comenzar. ¿Me permite que la acompañe?”. Una voz en off, con sonido impecable para una sala repleta, lo decía en el inicio del video con el que se presentó la reinauguración del Cine Teatro Monumental Sierras, en Alta Gracia, en abril del 2019.

La voz era familiar para los vecinos de esta ciudad. Era la de José “Pepe” Der Ohanessian, acomodador del cine por 20 años, hasta que cerró en 1982 y quedó sin empleo. “Pepe” fue la estrella de la noche de la reinauguración, tras su restauración.

El Monumental es un emblema de esta ciudad: fue, en los años ’50, la mayor sala del país y la segunda de Sudamérica, con 1.300 butacas. Durante décadas quedó cerrada y abandonada, hasta que municipio y Provincia la expropiaron y pusieron en valor.

Aplausos, silbidos y gritos de “Pepe, Pepe” lo recibieron en su ingreso. Hasta el gobernador Juan Schiaretti le agradeció su presencia: “Mi homenaje a Pepe, en nombre de todos los vecinos de Alta Gracia”, destacó Schiaretti. No es exagerado decir que “Pepe” recibió más abrazos esa noche que el propio gobernador.

Su historia era la que impactaba. Cada día “Pepe” vagaba por las calles del centro de la ciudad con sus bolsas de plástico en las manos.

Su rostro lastimado, su ropa muy gastada, sus zapatos rotos, sus cabellos y barba desordenados hablaban de un hombre que eligió la calle para habitar. Lo eligió cuando el cine cerró: no sólo perdió el empleo sino casi la razón de su vida.

A la intemperie

“¡Hola!, ¿cómo están, chicos?”, saludaba cada día amablemente con un ademán con su gorra. Verlo pasar en las calles y saludarlo era cosa cotidiana para los vecinos de Alta Gracia.

Por su vida a la intemperie era presa fácil de agresores. En varias ocasiones, le robaron y hasta incluso lo maniataron en un baño público del Tajamar.

Tenía una vivienda, pero solía vagabundear. En sus bares conocidos no le faltaba algún sándwich o gaseosa.

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