Diputados convirtió en ley el etiquetado frontal de alimentos

La Cámara baja convirtió este martes por la noche en ley, la iniciativa para advertir a los consumidores sobre los excesos de grasas, sodio y azúcares en los productos. Hubo 200 votos positivos, 22 negativos y 16 abstenciones.

La Cámara de Diputados convirtió este martes a la noche en ley el proyecto de «Promoción de la Alimentación Saludable», más conocido como «etiquetado frontal de alimentos», ideado para advertir a los consumidores sobre los excesos de grasas, sodio y azúcares en los productos con el fin de ayudar a combatir la obesidad, la hipertensión y los riesgos cardíacos.

La iniciativa fue aprobada en general con 200 votos positivos; 22 negativos y 16 abstenciones.

Se trató de la primera sesión presencial plena del cuerpo que se realiza desde que, en marzo del 2020, se dictó la emergencia sanitaria a raíz de la pandemia del coronavirus y se establecieron restricciones que obligaron a sesionar a través de un sistema mixto, con la mayoría de los legisladores conectados en forma virtual.

El plenario arrancó con la aceptación de las renuncias y la jura de tres nuevos diputados del Frente de Todos y uno de Juntos por el Cambio, que reemplazan a tres legisladores renunciantes y un fallecido.

Al abrir el tratamiento del proyecto, la presidenta de la comisión de Legislación General, Cecilia Moreau, afirmó que «el Estado argentino no va a mirar para otro lado» en un contexto de «enfermedades crónicas no transmisibles» como la obesidad, la hipertensión y los problemas cardíacos, que afectan a su población y que se pueden prevenir a partir de la alimentación.

Por eso, marcó la importancia de destacar la información nutricional en las etiquetas de los productos alimenticios, debido a que en la actualidad muchas «son ilegibles».

«El 66% de la población argentina tiene exceso de peso, el 32% tiene obesidad, el 40% padece presión arterial elevada, el 30% tiene colesterol elevado y el 41% de los niños y adolescentes tienen exceso de peso», completó.

Moreau explicó que con la Ley de Etiquetado Frontal lo que se busca es «la prevención» en términos de salud y «la garantía de los derechos de todos los argentinos» a acceder a ella con información clara.

«El octágono negro es la forma más eficaz de que los consumidores detecten nutrientes críticos en los productos alimenticios», dijo respecto al etiquetado que se propone.

Si bien el proyecto de Etiquetado Frontal de Alimentos genera las mayores expectativas, hay otros 21 expedientes a considerar, entre los que se destacan el de derechos humanos de las personas en situación de calle y en riesgo, el de alivio fiscal para fortalecer la salida económica y social de la pandemia generada por la Covid-19, el régimen de protección integral del niño, niña y adolescente con cáncer y el régimen de recuperación de ganadería ovina.

La diputada del FDT, Liliana Schwindt, ponderó la ley como un «hito para consumidores y usuarios», pero también «para la producción alimentaria argentina».

«Esta ley es poner en lo más alto a los consumidores, que hace años reclaman información clara, precisa y veraz», dijo.

El tratamiento del proyecto comenzó con una demora de más de tres horas debido a que varios legisladores, en su mayoría de Juntos por el Cambio, presentaron pedidos de apartamiento de reglamento para incluir otros temas, aunque esas peticiones en su totalidad fueron rechazadas y se mantuvo el temario acordado entre los bloques políticos.

La sesión fue observada por diferentes organizaciones de la sociedad civil, que venían solicitando la aprobación de la Ley de Etiquetado Frontal para que la sociedad conozca los excesos de grasas, sodios y azúcares que tienen algunos productos de alimentos.

Desde la oposición, la diputada de Juntos por el Cambio, Brenda Austin, celebró el tratamiento de esta ley que «derriba mitos» y que logró no «haber caído en la grieta», sino que se ponderó la «defensa del derecho a la salud».

«Esta ley es necesaria, porque estamos frente a una gran epidemia: la del sobrepeso», dijo y agradeció a organizaciones de la sociedad civil, que «ayudaron a respaldar con evidencia, información y acciones que derribaron mitos».

Desde Juntos por el Cambio, también la diputada del Pro, Carmen Polledo, planteó críticas a la iniciativa al afirmar que se debe «pensar en un sistema de etiquetado integral y completo» y dijo que por ese motivo se propuso en un dictamen «una alternativa que cumpla con el propósito de modificar los hábitos alimenticios».

El dictamen de mayoría preveía la incorporación en el frente de los envases de los productos ultraprocesados una etiqueta con forma de octógono negro y letras blancas que advierta el exceso de nutrientes críticos para la salud, como azúcares, sodio, grasas saturadas, grasas totales y calorías.

Además, determina que los productos que contengan entre sus ingredientes edulcorantes o cafeína tendrán que informar que su consumo no se recomienda en niñas y niños.

Por otra parte, la norma establece la prohibición de emitir publicidad comercial -dirigida a niños, niñas y adolescentes- de productos con sellos de advertencia.

Además, establece que los productos que tengan más de un sello de advertencia no podrán incluir dibujos animados, personajes, figuras públicas, regalos ni elementos que llamen la atención de niños, niñas y adolescentes.

Por otra parte, la iniciativa determina que, ante iguales condiciones, el Estado deberá priorizar la compra de alimentos sin estos sellos de advertencia.

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