Alta Gracia: una «ciudad dormitorio»

Este 23 de agosto, en un nuevo aniversario del fallecimiento de Manuel Solares, quien donó las tierras de la cuales surgiría la actual ciudad de Alta Gracia, decidimos honrar a nuestra localidad con un bello texto de Gaby Persichelli.

Amigo… cuando pases el CPC de El Villa Libertador, contá 36 kilómetros. Parecen muchos, pero se hacen al tiro.

Vas a pagar un peaje, medio elevado si pensás en el menemismo, pero baratito si alguna vez fuiste a Capital Federal.

Esa ala enorme de cemento, es la Torre del Barón, dicen que está cerrada para prevenir suicidios de almas en pena. Googleate la historia. Es una linda mini novela de amor.

De repente como inesperado, se te inundan los ojos de montañas, son las sierras chicas. Estamos ahí encastrados en sus pies y te damos la bienvenida, altaneros.

Como todo pueblo, hay un arco enorme en la entrada, y un bar que ahora es una panadería, pero siempre fue el valle de los viejos cafeteros, hombres, jamás vi una mujer sentada allí. Es el patriarcado del café.

Se avanza por una avenida cambalachera, con baldes de colores y alimentos para perros, calle principal cruza con barrio. Vas a ver el monumento enorme al caballo y creo que el que está arriba es San Martín.

Después de un supermercado enorme (en donde podés ver reflejado el cielo en sus paredes) felicitate, estás en el centro. Has llegado a las 5 cuadras mágicas en donde todo sucede. Los alquileres son caros, porque centímetros después ya no estás en el centro, centímetros reales, algo así como salirse de las líneas de la rayuela.

¿Amigo no podés creer lo que ves no? un lago anclado en el medio. ¡con patos y un reloj a lo Big Ben! Una mezcla entre Londres y La Quintana. Toma pa vó. Nos quedó de los Jesuitas.

Hasta acá quería traerte cumpa. A que sientas el corazón de mi ciudad, en donde late fuerte.

Como manda el urbanismo, hay una plaza, una escuela, un museo, una iglesia y la muni. Bailan en un cuadrado nuestras funciones administrativas, políticas, económicas y religiosas.

La Unesco nos declaró Patrimonio de la Humanidad algunas cositas, como un velo intocable a la cultura, como un teflón para que resbalen las cursilerías de pueblo. Pero no pudo con la esencia.

Hay un intendente que fue conmigo al colegio. Hay dos o tres locos que cuidamos entre todos. Hay infidelidades que conocen las señoras que barren temprano las veredas. Hay silencio de hospital a la siesta. Hay perros de la calle con sweaters tejidos por vecinos. Hay novios que son los ex de alguien. Siempre. Hay fiestas de verano con olor a paella y choripán. Hay recuerdos que pasan de generación en generación como tejiéndose en una memoria colectiva.

La Unesco no sabe que se fabrica el mejor helado de dulce leche del mundo.

Para el urbanismo somos ciudad dormitorio. Será porque elegimos trabajar en la gran capital, pero dormimos acá para soñar más mundano, sin tanto smog.

Los que estamos pegados a las ciudades importantes, somos los trabajadores que al final del día se sacan el traje y se ponen la ropa cómoda de entrecasa.

Porque en este pueblo ,somos el algodón suave y confiable entre tantos mundos de plástico.

Por Gaby Persichelli. Imágenes: Franco Petrini (Mapa)

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