¡VAMOS CARAJO! ¡ARGENTINA CAMPEÓN DEL MUNDO!

La Selección dio la vuelta olímpica después de 36 años y por tercera vez. El partido terminó igualado 3-3. En los penales, «La Scaloneta» se impuso 4-2. Messi alzó el trofeo que tanto anhelaba y merecía. ¡Somos campeones otra vez!

Es Messi. Es Argentina. Es Argentina campeona del mundo con Messi. Es ser argentino. Es el sueño hecho realidad. Es la magia. Es la locura. Es la pasión. Es todo. Es Maradona. Es el minuto 10, en el que se canta por Diego. Es Scaloni gritando por presión, estando dentro de la cancha sin estar. Es “Dibu” Martínez descolgando un centro, pegándole con todo desde abajo, o atajando un penal en movimiento en la última jugada del suplementario y el penal atajado. Es Nahuel Molina y esa tirada al piso y ese gesto de manotear a Mbappé. Es “Cuti” Romero súperheroe metiendo el pecho arriba y abajo, ganando todo, a los topetazos. Es Nicolás Otamandi abriendo los mares en cada cruce.

Es Nicolás Tragiafico entrando lúcido y ciego a cada francés. En Enzo Fernández dando un pase lujazo y un metiendo un bombazo sin piedad a los tobillos de Antonoine Griezmann. Es Rodrigo De Paul a los cachetazos con los de azul, gesticulando con el árbitro y buscando a Messi con hermosa tozudez. Es Mac Allister haciendo todo bien y todo el tiempo, no errando un pase, jugando con el temple de quien tiene 100 finales jugadas y tiene apenas un puñado de presentaciones vestido de celeste y blanco. Es Di María siendo un fenómeno, un caradura sin filtros, un gambeteador, un niño indomable por sus ganas de ganar.

Es Julián Álvarez recorriendo metros con enjundia, creyendo que todas las pelotas van a ser de él. Es “el Huevo” Acuña multiplicándose. Es Paredes y ese pase justo, controlando la pelota bajo la suela. Es Gonzalo Montiel yendo con los dos pies para adelante a trabar, es ese hombre pateando ese penal para el título. Es Paulo Dybala y ese penal al medio. Es Lautaro Martínez jugando como si fuera su última vez, activo, entero, intenso.

Es el equipo resistiendo esos dos goles de Francia, no deprimiéndose con ese empate de Francia. Es Messi siendo Messi, este Messi, el Messi de 35 años, el cerebral, el visceral, el calmado y el calentón, el pensador y el guerrero sin tapujos, el mejor Messi en la mejor Argentina, en el mejor equipo de Qatar, en el campeón mundial. El último Messi haciendo dos goles, ese del alargue con el alma, con todo, con la épica de lo imposible, con la mística de una leyenda, es Messi consiguiendo lo último que quería: esa copa dorada que da la Fifa y que ampliará su inmortalidad ya garantiza antes del partido con Francia.

Es Argentina campeón del mundo. Ee Messi campeón del mundo. Sos vos campeón. Fue un dramón. Fue 3-3, con dos de Messi, uno de Di María y tres de Mbappé. Y después fue 4-2 en los penales. Es Messi. Somos todos. Somos Argentina.

LO QUE PASÓ EN EL PARTIDO

El primer tiempo de Argentina ante Francia fue de ensueño. Fue una charla técnica-táctica de Lionel Scaloni hecha realidad. Cómo quitar la pelota, cómo tenerla, cómo llegar, cómo presionar, “cómo todo”. El 4-3-3-1 de Francia no sirvió para nada. El 4-3-3 de Argentina explotó en virtudes individuales. En poner a Ángel Di María en mano a mano que ganó siempre. En soltar a Messi para que juegue donde quiera y con quien quiera. Cada jugador argentina puso el alma y el corazón y la cabeza. Y así empezaron a caer por peso propio las jugadas a favor.

La primera fue un pase de Julián Álvarez para Alexis Mac Allister, que no pudo darle rosca y por eso le anuló el control Hugo Lloris. El arquero francés hizo lo mismo luego con un remate de Rodrigo de Paul.

La dinámica era así: pelota recuperada, pelota que se abría a la derecha para acumular gente y, apenas se podía, cambio de frente para Día María. Y así llegó la jugada del penal. Di María confundió a Ousmane Dembelé, que le hizo penal. Y Messi fue el Messi certero y letal y en la ejecución. Hizo ver fácil patear un penal en una final, con todo el drama que eso supone. Tocó suave al palo que Lloris no eligió. Iban 23 era merecídisimo.

Lo que vino fue una continuidad del recital argentino. Y un estrepitoso quedo de Francia. De una pelota recuperada salió una tormenta de toques rápidos, de primera, que derivaron en la asistencia de Mac Allister para Di María. Y gol. Y golazo. Y delirio. Iban 36 minutos y Argentina estaba donde quería estar: arriba en el marcador y en dominio futbolístico y emocional.

Francia, pequeña, chiquita, insulsa, estaba siendo destrozada por una Argentina opulenta. Era tal el baile que le estaba pegando Argentina que el DT Didier Deschamps metió dos cambios a los 41 minutos: Marcus Thuram y Randal Kolo Muani por Dembelé y Giroud.

En el inicio del segundo tiempo, Francia se mostró más activo, con mejor postura. Pero Argentina disponía de una entereza que iba más allá de la ventaja en el resultado.

Y se notó en la primera jugada de riesgo de ese complemento, protagonizada por Julián Álvarez, que cruzó un zurdazo que hizo revolcar a Lloris.

Francia sí ya había perdido los modales de equipo prolijo y se había ido al frente como sea. Y eso habilitó espacios para Argentina, que seguía voraz en cada pelota divida. De uno de esos cortes llegó una combinación Álvarez-Mac Allister que estuvo a nada de ser gol.

El inmenso Di María aguantó hasta los 20 del segundo tiempo y lo reemplazó Marcos Acuña. Se fue recibiendo un atronador “Fideooooooo, Fideoooooooo”. A esa altura, la hinchada argentina explotaba jugada a jugada. En cada pelota que alguien ganaba dejando todo. Había un derroche actitudinal conmovedor, contagioso.

Francia siguió en su necesidad de poner cuerpos en campo de Argentina. Deschamps metió a los rápiditos Kingsley Coman y Eduardo Camavinga por Griezmannn y Hernández.

El primer tiro de Mbappé al arco se dio a los 25 minutos. Y de una jugada creada por el mismo para él mismo. Argentina era 11 jugadores hablándose, ayudándose, corrigiéndose. El reloj no pasaba más y no era que Argentina estuviera sometido. Nada que ver. Argentina mandaba. Pero quería consumar. Quería que pasara el partido y pasara lo otro: el momento del ingreso al limbo de la felicidad. Y no pasó así.

Muani se le escapó a Otamendi y penal. El segundo remate al arco de Mbappé fue ese gol de penal, a los 35 minutos. Ya sí, el partido fue otro. Francia en control, Francia yendo, Argentina resistiendo y no en control, que no fue lo mismo que descontrolado. Y pasó lo inesperado y lo insospechado. Otro descuido, otra combinación de Thuram con Mbappé y golazo del 10 de Francia a los 38. Finalón para los neutrales, decepción para Argentina.

Ya Francia era el equipo grandote que se esperaba que fuera. Argentina se perdió. No le quitó garra al trabajo de la pelota por pelota. Le quitó cabeza al momento de jugar. Todo le empezó a costar horrores. Messi estaba aislado, su arte para pinchar la pelota ahora no alcanzaba. Mbappé estaba a las sonrisas. Con hambre. Esperando que le quede una. Scaloni no miraba todo con gestos menos ampulosos. Argentina estaba inconexa. Mbappé en modo dios. Y “Dibu” Martínez contuvo la última pelota. La Argentina del primer tiempo había pasado un siglo atrás. La última del partido fue el atajadón de Lloris a Messi. Y al suplementario.

Y en Argentina entró Gonzalo Montiel por Nahuel Molina para meter piernas frescas en ese sector derecha de la defensa que venía siendo maltratado por los veloces de Francia. La última variante de los europeos fue el ingreso de Youssouf Fofana por Rabbiot. Scaloni sacó a los extenuados De Paul y Álvarez y dispuso los ingresos de los históricos Leandro Paredes y Lautaro Martínez. Ya Argentina tenía más aire y retomó la posesión. Y de ahí salió la jugada del pase de Messi a Lautaro y el posterior derechazo de Montiel. Ambos tiros se toparon con jugadores franceses. Y en la jugada siguiente… Lautaro no pudo conectar correctamente un pase de Acuña. Argentina ya estaba en partido. En dominio del partido. Y llegó ese gol de Messi que se gritó con efecto retardado por el miedo a que haya sido offside. Y lo que vino fue un infierno de gritos y de vivir cada pelota como si fuera de vida o muerte… Y así se armó un clima sin igual en el Lusail. Se caía la cancha. Se caían los corazones. Nadie respiraba. No se podía. Scaloni armó la línea de cinco defensores con Germán Pezzella. Y uno minutos después, mano de Montiel. Y Mbappé otra vez lo hizo: 3-3. De vuelta, finalón para los neutrales. Decepción para Argentina. Había que ir a los penales. No sin antes sufrir otra vez por un cabezazo que estuvo a nada de conectar Muani. Y no sin antes ver el ingreso de Paulo Dybala por Tagliafico. Y no sin antes ver cómo Martínez tapó un mano a mano y cómo Lautaro no pudo cabecear bien un centro de Montiel. Y en los penales pasó lo que pasó. Es Messi. Somos todos. Somos Argentina.

FUENTE: MUNDO D

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