Lourdes, Mora y sus caballos: una historia con final feliz

Luego de una odisea que duró casi un mes, Lourdes Solla y su hija Mora lograron recuperar los cuatro caballos que les habían sido robados de su campo en Alta Gracia. En la búsqueda, no solo estuvieron expuestas al peligro, sino que vivenciaron el maltrato que los equinos sufren a diario.

El pasado 12 de septiembre, desde ALTA INFO dábamos cuenta que la productora agroecológica Lourdes Solla, había sufrido el robo de sus cuatro caballos, en el predio ubicado sobre ruta C-45, en cercanías del Aeroclub de Alta Gracia.

Al ser dichos equinos más que importantes para ella y su familia, principalmente su hija Mora, llegaron al punto de ofrecer recompensa por cualquier información o dato certero, que permitiera recuperar a los animales.

A su vez, la búsqueda, prácticamente desde el momento cero, estuvo localizada en distintos barrios de la zona sur de la ciudad de Córdoba, ya que se contaba con la información de que estaría por ese sector de la capital provincial.

Hoy, 10 de octubre, Lourdes y su hija Mora, ya cuentan con los caballos nuevamente; pero para ello se debió realizar una especie de «odisea», donde siguiendo el relato de la damnificada, pudo haber estado en riesgo hasta la propia vida.

Asimismo, lo más chocante de todo ello, fue el dolor causado en la familia, ya que como se dijo antes, dichos animales forman parte de la misma; y fue en la búsqueda de los mismos, que Lourdes se encontró con otra realidad, marcado por el maltrato y sufrimiento que están expuesto los caballos en distintas villas de la ciudad de Córdoba, principalmente por «los carreros».

Es así, que a razón de esta desgracia que comenzó hace casi un mes, no solo se vivenció lo que es perder a animales e ir tras los mismos, sino por sobre todo ver una realidad aún peor y que refiere a como vive una gran parte de la sociedad; como así también de que la misma, lamentablemente, tenga un ritmo de vida, donde el maltrato a los caballos, es una constante.

Compartimos a continuación partes del relato vertido por esta mujer luchadora, que dan cuenta de hasta donde es posible que llegue la maldad humana; pero por otro lado lo que logra la perseverancia, tras ir lo que uno quiere.

El 12 de septiembre nuestra vida cambió para siempre. Nos roban 4 de nuestros caballos en el predio de Alta Gracia cortando alambrados, y de madrugada.

Rápidamente la noticia se difundió por todos lados y ahí empezamos la búsqueda. Justo ahí empezó el calvario. Llevábamos varios días recorriendo las villas de emergencia de Córdoba Capital sin novedades reales de ellos. Los buscamos día y noche.

La publicación de la búsqueda se multiplicaba por doquier. Lo que la gente no sabía, era que ellos son nuestra familia, que los amamos y que 3 de ellos habían sido rescatados del maltrato. Solo el pensar que podían volver a esa vida nos rompía el alma. Dormimos poco, casi nada. Cuando me lo permitía lloraba desconsolada, pero tenía que mostrarme fuerte.

En un momento comenzaron las extorsiones. Amenazas. Nos decían que los dejáramos de buscar porque los iban a faenar, que no los volveríamos a ver. Tuvimos que salir de nuestra burbuja y ver la peor realidad. Las más de 170 villas de Córdoba. Se nos hizo sumamente doloroso ver cómo vive esa gente, la falta de posibilidades es extrema. La violencia que sufrimos fueron puteadas, piedrazos, persecución y hasta tiros.

De a ratos nos reíamos porque realmente lo que estábamos viviendo era de película. Hubo una noche que me quedé sin voz y salí temblando de miedo.

Nos sentíamos en ese limite donde se debate la vida y la muerte. En la mayoría de los lugares que estuvimos la Policía no podía entrar. Los sacaban a los tiros. Todos nos decían lo mismo: «Chicos no entren. Esto no es joda. Acá te matan por unas zapatillas». Recuerdo muy bien un día cuando un policía me dice: «Flaca. Yo me despido todos los días de mi familia porque no se sí vuelvo.

Yo le había jurado a Mora que los íbamos a encontrar. Y cada una de nuestras lágrimas nos iba haciendo cada vez mas valientes. A los 7 días recuperamos a la Emma y al Querubín. Estaban flacos. Los habían golpeado pero estaban bien. ¡Se pusieron tan felices cuando nos vieron! Fue hermoso, pero nos quedaban dos y los datos que nos llegaban eran que ya estaban trabajando en un carro y el alma se nos rompió ahí, justo ahí en mil pedazos.

Pasaron un par de semanas y no sabíamos nada. Buscábamos sin parar y nada, hasta que un día dimos con Berlín, uno de los machos. A él lo encontramos flaco sin poder caminar. Lo torturaron de mil maneras. Fue tan duro verlo así. Un caballo con tanto temperamento, sumiso por tanta tortura.

Siempre estuvimos acompañadas de una estrella. Mientras nos ocupábamos de todos acá, seguíamos buscando a Paz. Tocamos tantos contactos, hablamos con tanta gente. Tanto policía, con los que nos ayudaron, con los que nos mareaban. Fue una locura.

A Paz la sufre tanto, porque es una yegua sin demasiadas características, mansa de carro. Ayer nos avisa Caballería que la encontraron corriendo a toda velocidad por Avenida Fuerza Aérea. O la soltaron, o se escapó, que creemos es lo mas probable. Conociéndola, Paz quería volver y ser la líder de nuestra manada. Quería volver y ocupar su lugar. Ella está flaca pero bien.

Sin duda acá hubo magia. Fue tan loco como se fue dando todo, tanto aprendizaje, en pocos días logramos hacer un trabajo de investigación complejo. El tráfico de caballos es tremendo. Los datos corren de una villa a otra en segundos. Todos están conectados y se manejan con total impunidad.

Agradezco a todos los que estuvieron intencionando que esto sucediera. Mi hija y yo pudimos volver a sonreír. Hicimos el equipo perfecto. Hay gente que se ha convertido en nuestra familia y a la que le voy a estar agradecida de por vida.

Finalmente, Lourdes expresa que si alguien sufre el robo de un animal, le avisen; ya que luego de esta odisea con final feliz, ella y su hija se han convertido en detectives y rescatadoras de caballos.

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